El dilema de la derecha radical en Alemania; por Lluís Subiela[1].

El día 17 de febrero de 2025, se ha publicado en el diario El Mundo, un artículo de Lluís Subiela, en el cual el autor opina que Alemania deberá decidir si permite que un partido extremista como AfD acceda al Gobierno o si mantiene un cordón sanitario que se traduce en coaliciones imposibles, aplazamiento de reformas y hastío social.

(Fuente: Diario del Derecho-Iustel)

“EL DILEMA DE LA DERECHA RADICAL EN ALEMANIA

En menos de una semana, Alemania votará para decidir la composición del próximo Bundestag, su Parlamento, y en consecuencia, cuál será el próximo Gobierno del país más poblado de la Unión Europea y su mayor economía. Son unas elecciones importantes. Pero para comprender por qué es necesario revisar qué ha pasado en los últimos años y ver cómo han caído algunas de las normas no escritas de la política alemana.

Las últimas elecciones, las de 2021, las primeras tras el fin de la era de Angela Merkel, culminaron con la formación del primer Gobierno federal tripartito desde los tiempos de Konrad Adenauer (si contamos a los demócratas cristianos de la CDU y a sus hermanos bávaros de la CSU como un solo partido). La coalición semáforo (llamada así por los colores de los partidos que la integraron) estaba formada por el Partido Socialdemócrata del canciller federal Olaf Scholz (SPD), los Verdes y los liberales (FDP). Tras muchos desencuentros en materia económica y fiscal, el semáforo terminó por no convencer prácticamente a ningún alemán. Además, en noviembre los liberales decidieron salir del Gobierno tras la enésima discrepancia en materia financiera, dejando el Ejecutivo en minoría. Se incumplía así la primera norma no escrita de la política alemana. Tras esto, el canciller Scholz presentó una cuestión de confianza ante el Bundestag, que perdió, con la consecuente convocatoria de elecciones anticipadas (por pocos meses, sí, pero anticipadas en cualquier caso; segunda norma no escrita quebrantada). Mientras tanto, la economía alemana ha echado el freno, cerrando el último ejercicio con crecimiento negativo.

¿Y el resto de partidos? La CDU renovó su liderazgo, escogiendo a Friedrich Merz, adversario interno de Merkel y con un perfil más liberal y conservador. La Izquierda (Die Linke), heredera del antiguo Partido Socialista Unificado de Alemania (SED), ha sufrido una escisión populista y antinmigración (BSW).

Pero, sobre todo, en estos últimos años se ha podido ver cómo el partido de derecha radical Alternativa para Alemania (AfD) rompía su techo electoral, especialmente, en los Länder de la antigua RDA, en los que arrasa. En el Parlamento Europeo, AfD se sitúa a la derecha de los conservadores euroescépticos de Meloni y los patriotas de Vox, Le Pen y Orban. Incluso, ha llegado a ser investigado por el servicio de inteligencia interior alemán, la Oficina de Protección de la Constitución. A pesar de ello, AfD es ya el primer partido de Alemania Oriental, algo a lo que el resto de partidos ha respondido manteniendo el Brandmauer, el cortafuegos o cordón sanitario. Pero con una AfD que ha superado con facilidad el 30% en las últimas elecciones en los Länder orientales, el mantenimiento del cordón sanitario está llevando a que el resto de partidos formen coaliciones cada vez más amplias y menos coherentes ideológicamente.

El caso de Turingia es paradigmático: allí el Gobierno está formado por la CDU, el SPD y el nuevo partido izquierdista antiinmigración BSW; y aun así es un Gobierno en minoría que necesita de los apoyos puntuales de los poscomunistas de Die Linke. Dos son las consecuencias principales de esto: el hartazgo y el descontento cada vez mayor de los ciudadanos y el refuerzo de AfD, que aparece como la única alternativa y la víctima de un sistema dominado por el resto de partidos.

La presión que AfD ejerce sobre el resto de partidos y sobre el debate político es cada vez mayor y, aunque el cortafuegos sigue en pie, ya no está tan claro que la situación no pueda cambiar, más pronto que tarde. En una de las últimas sesiones de la actual legislatura, la CDU-CSU presentó un proyecto de ley para endurecer las medidas sobre inmigración. Aunque no salió adelante, los demócratas cristianos recibieron el apoyo de AfD. No hubo pacto ni negociación entre ambos partidos, pero fue la primera vez que un partido no retiraba una iniciativa para evitar recibir el apoyo de la derecha radical. Aunque Merz ha asegurado que no pactará con AfD y que el cortafuegos se mantiene, la votación causó un terremoto político y mediático. Incluso Angela Merkel salió a criticar públicamente a su sucesor.

En este contexto, los alemanes llegan a una nueva cita con las urnas. Estrenan, además, sistema electoral: se han llevado a cabo ligeras reformas para reducir el tamaño del Parlamento, que actualmente supera los 700 escaños.

Pero ¿qué dicen las encuestas? Desde hace meses la CDU-CSU domina con claridad la intención de voto, con alrededor del 30%, aunque ha perdido algo de fuerza desde el comienzo de la campaña. Habrá que ver si, más allá del ruido, la votación en el Bundestag tiene algún efecto real entre el electorado. AfD, que ha contado con el apoyo activo del propietario de X, Elon Musk, obtendría un 20-25%, un récord absoluto para el partido. En tercer lugar, los socialdemócratas del canciller Scholz están estancados alrededor del 15%, en lo que sería su peor resultado desde la Segunda Guerra Mundial. Les seguirían los Verdes, que podrían repetir el resultado del 2021, con el 13-14% de los votos. Finalmente, hay tres partidos que luchan desesperadamente por superar la barrera del 5% y entrar en el Parlamento: los liberales del FDP, La Izquierda y BSW. En principio, estos dos últimos podrían conseguirlo más fácilmente.

Con este panorama, lo más probable es una reedición de la ya nada extraordinaria Gran Coalición entre la CDU-CSU y el SPD, con Merz como canciller. Pero es algo que no entusiasma absolutamente a nadie. Otra opción sería un pacto entre los demócratas cristianos y los ecologistas, una combinación que se da con normalidad en diversos Länder, pero que es difícil a nivel federal por el rechazo de la CSU bávara a los Verdes.

Si alguno de estos tres partidos cae más en las encuestas, podría ocurrir incluso que la suma de la CDU-CSU con el SPD o los Verdes no fuera suficiente y hubiera que recurrir a un pacto a tres. Una pesadilla para muchos alemanes. Frente a una nueva, y nada deseada, reedición de la Gran Coalición, hay quien habla ya de permitir un Gobierno en minoría de la CDU-CSU (lo que supondría romper una tercera norma no escrita de la política alemana).

Puede que estas elecciones federales no supongan un cambio radical en la historia de Alemania. Pero son un síntoma de varios males que azotan no solo a este país, sino a la gran mayoría de democracias liberales occidentales (incluida la nuestra): el auge de los radicalismos, la polarización política y social creciente, y el profundo desapego de muchos ciudadanos hacia su sistema político, lo que vuelve a estos escépticos con una democracia que puede parecer -y a veces es- ineficaz.

Esta campaña electoral está sirviendo para ver cómo AfD, sin gobernar, ha conseguido modular la política alemana, marcando los temas que predominan en la agenda, como la inmigración. Pero el dilema sigue ahí: Alemania deberá decidir en algún momento si permite que un partido tan extremista como AfD acceda al Gobierno o si, por el contrario, mantiene un cordón sanitario que, de momento, hace que la derecha radical siga creciendo. El precio a pagar por esta última opción es claro: coaliciones imposibles, aplazamiento de reformas y hastío ciudadano. Revertir esta situación manteniendo los fundamentos del Estado social y democrático de Derecho depende del resto de los partidos, de cómo afronten el escenario poselectoral y de que consigan articular un Gobierno que atienda efectivamente las demandas ciudadanas, salvaguardando los derechos fundamentales y la convivencia.

De que sean conscientes del reto político que tienen por delante y de que asuman su responsabilidad depende el porvenir no solo de millones de alemanes, sino también del conjunto de ciudadanos de la Unión Europea, que ahora más que nunca necesitan gobiernos democráticos fuertes. Es importante”.


[1] Investigador predoctoral en Derecho Constitucional en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). España